Participantes:

  • Marcos Valle
  • Rubén Garín

Continuamos con los trabajos de desobstrucción de la torca, donde lo dejamos el fin de semana anterior. Quedamos Marcos y Rubén y, tras los cafés en Arredondo y charlar sobre los
dolores que portamos en las espaldas, subimos como lisiados hacia Bucebrón. "Espléndido" día de agua y viento en la garma, que hace que tras la corta aproximación, entremos ya por boca empapados. La base del primer pozo está especialmente lleno de barro, así que se espera una jornada interesante.

Por turnos bajamos el segundo pozo y vamos picando hasta que por fin hacemos un buen paso. La corriente de aire no es muy fuerte pero los goteos son bastante incómodos. Rubén pasa al otro lado e instala el siguiente pozo mientras Marcos entra en calor a base de maza y puntero, pero al quitar un bloque de encima de la cabecera del siguiente pozo, el primero se da cuenta que una gran laja de piedra está suspendida por encima, sujetándose milagrosamente. Así que con más miedo que vergüenza, vuelve al otro lado y la empuja ligeramente con la barra de uñas. Más de 200 kg de piedra se desprenden y parte de ellos se quedan en el paso, retirándolos de nuevo fácilmente con la barra. La corriente de aire ha cambiado de repente, volviéndose más fría y violenta. Los goteos aumentan y se convierten en hilos de agua que nos alegran los doloridos cuerpos. La laja que ha caído ha abierto el hueco por la zona superior, por lo que el acceso ahora es muy cómodo, tanto en ascenso como en descenso y, pese al susto, nos libramos de trabajo de piqueta.

Estamos empapados y comenzamos a tiritar así que bajamos el pozo limpiándolo de piedras sueltas y ahí la temperatura cambia y recuperamos un poco. Las piedras al caer han ido también "limpiando" salientes incómodos del pozo y la base del mismo se ha ido rellenando con el escombro que hemos quitado. A estas alturas la torca está en carga, fuera llueve con más fuerza y la corriente de aire es muy fuerte así que tras estudiar la siguiente jornada
de trabajo, una señorita llamada hipotermia nos invita a marcharnos. Al llegar al otro lado de la desobstrucción, nos encontramos con un spa en toda regla, los hilillos de agua han pasado a chorros y junto con el aire de la torca hacen las delicias del personal. Marcos retoca la instalación, que queda ya en fijo y desistimos de seguir porque nos movemos como Robocop
y para rematar, se le rompe el pantin y el frontal...

El P21 que nos saca a la calle no consigue que entremos en calor, y la lluvia no colabora en el ascenso. Una vez en boca, limpiamos de nuevo piedras sueltas e inestables. Como sigamos así, la boca va a parecer el mortero de Astrana. Corta jornada pero muy fructífera, y a las 14:45 nos sentamos en La Taberna de Bustablao a recuperar temperatura con unos huevos con chorizo y
torrendos (no todo va a ser sufrir). El frío y el agua no nos han dejado avanzar más pero tenemos claro que sí cobrásemos "a metros" nos moriríamos de hambre...
Le daremos dos semanas de descanso a la torca por el curso de iniciación y
seguiremos insistiendo. A partir de ahora la cueva es más seca y esperemos que vaya más rápido.